Imagen y realidad

Desde la Prehistoria el ser humano ha utilizado la imagen para expresarse y comunicarse. Las percepciones visuales proporcionan experiencia, datos visuales e información. Para transmitir el conocimiento de algunos aspectos de la realidad, en algunos casos, el uso de la imagen constituye el medio más idóneo. Las pinturas rupestres, un retablo, el grabado en un libro, una fotografía, o una serie de imágenes filmadas o grabadas en vídeo, tienen algo en común, se parecen de alguna manera a lo que representan.

Las imágenes son signos visuales.

Un signo es un elemento que representa un objeto.

Entre el signo (la imagen) y la cosa que representa hay una relación representante/representado.

La relación entre las imágenes y lo que representan es una relación de parecido, que se denomina relación de «analogía» o «iconicidad»*. (*Del griego eikán=retrato, imagen, Icono).

El parecido de la imagen con la realidad puede ser de distintos tipos o, dicho de otro modo, tener diferentes grados.

Si se quiere representar una vaca, se puede obtener un alto grado, analogía o iconicidad, a través de la
imagen fotográfica.

En la imagen nº 9, vemos una vaca a la derecha de un paisaje. La imagen de esta vaca es la imagen de una vaca real, ha sido registrada en un lugar concreto y en un instante preciso.

 

Es una vaca particular, de una raza determinada, bastante más flaca que las que estamos acostumbrados a ver,
ya que podemos casi contar sus costillas; se podría decir que es un retrato de una vaca y que su dueño podría identificarla en él; sin embargo, para el autor de la fotografía, seguramente, fue sólo un elemento que sirvió para elaborar la composición de un paisaje, añadido en primer término ante el edificio y el fondo montañoso.

Otro tipo de imagen de una vaca es la que representa la figura 10; ya no es una vaca particular, no existe como ser vivo, es menos icónica que la anterior; es una abstracción. Está hecha para comunicar algo muy definido, nos informa sobre el despiece de las partes de las vacas, y es útil cuando vamos a la carnicería a comprar; si pedimos filetes de una pieza que lleve el rótulo de «aguja», con ayuda de la imagen sabremos que estamos pidiendo carne perteneciente a la espalda y no a la pata del animal. La imagen ya no es el retrato de ninguna vaca, se refiere a la idea de vaca que tenemos todos en la mente y podría representar a cualquier ejemplar de la especie, independientemente
de su raza o sexo.

La siguiente imagen de una vaca es todavía menos icónica, más abstracta (Fig. 11)

Es una señal de tráfico que se emplea para avisar de un peligro potencial producido por vacas que puedan cruzar la carretera…

Veamos otro ejemplo; si queremos obtener una imagen de nuestro rostro, podemos recurrir a diversos procedimientos: un retrato al óleo, un dibujo a lápiz negro, una caricatura, una fotografía, la grabación en vídeo del mismo o, incluso, podríamos encargar una escultura de nuestro busto. Todas estas representaciones de nuestro rostro se nos parecen, pero lo hacen de modo diferente. Excepto en la escultura, en todas falta la corporeidad que da el volumen; en unas (el dibujo) faltará el color; en otras las proporciones entre los elementos, o los rasgos, aparecerán algo distorsionadas (por ejemplo en una pintura poco fiel y sobre todo en la caricatura)…

 

Recuerda:
Las imágenes son signos visuales.
Un signo es un elemento que representa un objeto.
La relación entre las imágenes y lo que representan se denomina «analogía» o «iconicidad»*, y puede tener diferentes grados.

 

 

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